No puedo hablar desde literata sabiduría, pues no la tengo. Pero puedo hacerlo desde la intuición, algo desde la observación y desde la sonoridad.
Es posible que mis observaciones queden obsoletas en el futuro o que todo lo contrario, volvamos a usar el idioma sin complejos ni tontunas y aprendamos, de una vez por todas, que el hecho de que una palabra termine en A o en O ni nos beneficia ni nos denigra.
Yo no tengo ningún problema con el género neutro, aunque coincida casi siempre con el masculino.
Por otra parte, tampoco tengo reparo alguno, en usar aquellos femeninos que resulten agradables al oído, fluidos, no forzados.
Maestro/a, abogado/a, campesino/campesina…
Médico… médica ¡fatal!
Me suena fatal, si yo fuera medico sería eso médico, no médica y posiblemente también sería arquitecto… Arquitecta ¡Qué horror! ¡Que mal suena!
Soy Arquitecta técnica ¡uf!
Estoy designando una profesión, no un sexo implícito.
Si esto fuera así tendríamos que llegar, por ejemplo, a un juzgado y observar si el juez es macho, entonces le llamamos “Su Señorío” si el juez es hembra “Su Señoría”
Ah ¿Y si el juez es sexualmente rebelde a lo que su cuerpo manifiesta exteriormente y no quiere ser ni macho ni hembra? ¿Qué hacemos?
A mi parecer una cosa es el idioma y otra diferente el sexo.
Visto desde el punto de vista del egoísmo de género, tan actual, en realidad tenemos un género exclusivo, que es el femenino y otro compartido que es el neutro.
Pero casi siempre el género neutro coincide con el masculino, mientras nosotras disponemos libremente de dos géneros, el femenino exclusivista y el neutro, los masculinos disponen de uno y no muy exacto, ya que puede coincidir con el neutro y designar variedad de género.
Cuando a un grupo mayoritariamente femenino lo etiquetamos en femenino, los masculinos que se encuentran entre medias no se dan por aludidos, ¿o sí?
Si llegamos a una alborotada reunión de niños y para imponer calma y atención palmeamos y decimos: ¡Niñas! ¡Niños! Todos se van a dar por aludidos, si decimos solo ¡Niños! También obtendríamos el mismo efecto pero si decimos ¡Niñas! No aludimos a los muchachos, a los masculinos puesto que están excluidos del femenino.
¡Damas y caballeros! Aunque las damas sean mayoritarias ya están todas incluidas y podemos seguir, hemos dado la bienvenida a ambos géneros y ahora podemos discurrir por el género neutro con la tranquilidad de saber que no es excluyente, como lo es el femenino, sino incluyente, circular, que lo abarca todo.
Ahora solo queda esperar y ver en qué queda el idioma tras todo este arranque femenino, si llegaremos a una reconciliación con la belleza del idioma o si la invasión malsonante continuará indefinidamente.


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